CÓMO LA VIDAD COLABORATIVA NOS ARREGLARÍA LA VIDA Y ACABÓ AMARGÁNDOLA

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La idea de volver a los orígenes, a que las personas intercambien bienes y servicios con otras personas sin intermediarios, sonaba prometedora. La economía colaborativa tenía buena pinta. Gente con coche y tiempo libre que acercaba a otra gente a alguna parte, personas que alquilaban por horas una habitación desaprovechada en sus casas… La tecnología eliminando barreras y sacando a las grandes empresas de la ecuación. Olía a democratización. Sobre el papel, era perfecto.

Pero la práctica no siempre aguanta la teoría. Los que prometieron economía colaborativa, de persona a persona, ahora están al frente de unicornios, que es como les gusta llamar en Silicon Valley a las empresas jóvenes valoradas en más de mil millones de dólares; o incluso decacornios, el término de moda para hablar de aquellas que han superado los diez mil millones de valoración.

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